11 de agosto de 2011

Largos polvos con Rosa (fragmento de la novela Penetraciones)


Largos polvos multiposturales con Rosa, fragmento de la novela Penetraciones
Fragmento del tercer capítulo, Rosa o recorrer varios kilómetros en un espasmo, de la novela Penetraciones del escritor José Martín Molina; novela íntima, corrosiva, salvaje, algo aleatoria y autobiográfica, donde el sexo, de cuando en cuando aflora con rotunda falta de pudor y desde un punto de vista personal, incluso egoísta o sexista, aderezado con algunas divertidas situaciones y exageraciones humorísticas.
Me la tiré a cuatro patas después de un larguísimo polvo multipostural, que de tanto aguantar el no-eyacular al final se me bajó, sobre todo también porque ella abusó de la postura-tijera. Pues en breve, a la segunda embestida, cuando cogía sus cabellos como si fueran riendas, entre que la castigaba desde atrás, yo de rodillas pegado a su culo como una lapa, mi pelvis estallando una y otra vez contra sus bamboleantes nalgas, sus glúteos de parafina, y sonaba chof chof chof chof, y mis neuronas se encabritaban y se subían a un cohete imparable a cada chof chof chof chof, con lo cual vi en seguida que iba a tardar un suspiro en eyacular y ésta vez no lo retuve. Me corrí tan agusto y egoístamente.

Ella se quedó cachondona perdida, como un grifo que se ha atascado y no cierra el manantial a borbotones de su líbido. Ella quería seguir a toda costa y empezó a hacerme cosquillas, retorcerme la cola desesperadamente, a lamerme la oreja como si fuera de mermelada, a masticarme los hombros con dientes de alocada sierra... a joder la marrana, en definitiva. […]

Yo quería detenerla, porque si continuaba tres segundos más chupándomela y asediándome con su ávido cuerpo, yo perdería la cabeza sin remedio, dominado completamente por el segundo cerebro situado entre mis piernas. Estuve a punto de estrangularla para que me dejase dormir al menos esas dos míseras horas de rigor. […]

Al final, aunque seguía sin serenarse, decidió no probar los límites de mi paciencia y dejó de tocarme literalmente los cojones. Y me dormí tan plácidamente, en cuestión de segundos. La verdad que el polvo me había dejado el ánimo arrasado y pacificado como un nenúfar flotando en un estanque. Más plácidamente incluso y en concreto... por haberla dejado así de atropellada. Me sentía como un sultán, obeso y holgazán, con el apetito satisfecho, ignorándola y habiéndola dejado a medias.

Ella quizá se levantó y se metió en la raja algo cuidadosamente escogido en la cocina para calmarse, quizá la batidora quizá una botella de vino, quizá un buen trozo de salchichón, mientras yo roncaba como un brontosaurio. Lo que sí sé es que ella no pegó ojo y estuvo sin dormir porque el angelito estuvo pendiente de no quedarse dormida para poder despertarme a su debido tiempo y que yo no me quedara dormido. Además me preparó el desayuno. Todo un detallazo.
[extracto de la novela Penetraciones, de José Martín Molina]

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