15 de agosto de 2011

Cuatro culos en pantalones de látex en un sueño


Cuatro culos femeninos envueltos en látex se aparecen en sueños
En el blog Un laboratorio indecente, el escritor José Martín Molina va publicando con absoluta fidelidad los sueños que tiene cuando duerme (no estamos hablando de soñar despierto), y aquí rescatamos un fragmento de uno de sus sueños de contenido erótico escitante y refrescante: Póker de culos enfundados en látex.

Ahora me encuentro en el baño. Miva esperando fuera. Me encuentro mirando mi rabo en el w.c. Resulta que tiene pelos negros pegados en el capullo y una espesa capa pegada como de horchata. Voy tirando con cuidado de los pelos enroscados, pensando que no me había duchado..., menos mal que esto no se ha notado, pienso. Cuando salgo sigue Miva ahí, y acaban de llegar Eva (mi chica) y mi hermana. De repente hay dos tías más. Me hacen un extraño juego. Se ponen Miva, Eva y las otras dos, que no conozco ni he visto nunca (¿amigas de Miva Gold?), de espaldas, las cuatro de pie y de espaldas, van vestidas igual, con pantalones de cuero negro, más bien látex, super-ajustados, marcando bien claramente los culos. Pantalones de cuero-látex, sin bolsillos, traseros perfectamente apetecibles.

El juego consiste en que adivine de quién es cada culo, estando ellas de espaldas y sin que yo vea las caras. Se supone que no sólo se trata de distinguir, sino de elegir culo, lo que conlleva elegir chica. De espaldas los culos son muy parecidos, sólo se distinguen más o menos por las largas melenas que caen exhuberantes y quietas por la espalda. De izquierda a derecha tengo ante mí: cabellera rubia, cabellera morena, cabellera morena, cabellera rubia. Simetría. Y los culos también simétricos y excitantes, las 4 chicas con la misma altura, cuestión de escasos centímetros. Pero no se están quietas, no paran de moverse y Eva hace trampa: para que no me equivoque en la elección y sepa quién de las cuatro es ella, muestra, como despistadamente, el perfil, dirigiéndose a la que está en el extremo derecho, diciéndole no sé qué (cualquier cosa que sirva de excusa para medio girarse y así delatarme su posición). También sé que, desde el principio, Miva Gold está en el extremo izquierdo. Eva, por lo tanto, a continuación, y las otras dos del lado derecho. Las cuatro están abrazadas en cadena por la cintura. Sin duda, los dos culos que me llaman más al deseo, perfectos en sus formas embutidas en el látex, son los de Miva y Eva. El de Eva aún más hermoso. Uhmmmm. Pero se mueven demasiado para poder analizar bien las perfectas formas, Eva aprovecha cualquier excusa, cualquier frase u ocurrencia, para volver a dar(me) medio perfil, ¡para que no me equivoque de culo! Y las otras le regañan, eso no vale, mira al frente como hacemos todas, le dicen (aunque para decirle esto, ellas también giran medio perfil...).

Quiero estudiar mi elección más en detalle, estudiar las mínimas diferencias que terminen por inclinar la balanza de mi elección. Es difícil elegir. O una u otra. Culitos muy, muy sabrosos. Podría derretirme muy fácilmente. Para evitar las artimañas de Eva, se me cierra el plano de lo que veo, así sólo veo un trozo final de las melenas y en el centro del plano los sugerentes culos. El plano se va aproximando más y más, hasta tener prácticamente (yo estoy sentado en el sofá) los dos culos principales a un palmo de mis narices. Y es ahí, justo ahí, cuando me despierto.
[extracto del sueño Póker de culos enfundados en látex, de José Martín Molina]

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